La evolución de las vajillas a lo largo de la historia

“Al sentarnos a la mesa para comer realizamos un acto de gran trascendencia, cuyo significado abarca desde lo estrictamente individual a lo social en su sentido más amplio. Podría decirse que en ese acto cotidiano se refleja de alguna manera la historia entera de la humanidad.” (María Ángeles Pérez Samper, 2017)

La idea que nos transmite María Ángeles Pérez Samper es fundamental para entender el concepto de que la evolución de la alimentación, desde la prehistoria hasta hoy, ha venido acompañada de un cambio en la manera del cómo y dónde servimos los alimentos, y es que aunque ahora mismo nos parezca inverosímil, no fue hasta el S.XVIII que los comensales tuvieron un plato individual e incluso cubiertos. Hasta ese momento, la forma más habitual de comer era reuniéndose alrededor de los alimentos, servidos en diferentes vasijas centrales, de donde todos comían.

Por otro lado, el poseer una vajilla, entendida como todo el conjunto de platos, fuentes, vasos, etc., ha sido durante muchos siglos símbolo de riqueza y elegancia, siendo un lujo que no todo el mundo se podía permitir. Colecciones de platos de porcelana, que provenían de China, eran preciados tesoros para las clases más altas, llegando a superar el precio de metales como el oro o la plata.

Si bien, como podemos ver, tener una vajilla de alta calidad era un producto destinado a las altas clases sociales, todo el mundo necesitaba de unos recipientes donde comer. Esto provocó que hubiera una variedad de materiales y acabados que diferenciaban la condición social, provocando durante algunos periodos de la historia, que las vajillas de plata y porcelana fueran exclusivamente para las clases altas y las de cerámica más tosca y madera para las clases más humildes. 

Pero, ¿Qué pasa si vas a tu cocina y echas un vistazo a los platos que tienes? Seguramente encontrarás una mezcla de materiales tales como porcelana, gres, cristal y seguramente alguno de plástico si tienes hijos o eres excursionista, ¿donde han quedado los platos de madera y las vajillas de plata? ¡Vamos a descubrirlo! 

La evolución de las vajillas a lo largo de la historia

Hace 2 millones de años, cuando nuestros antepasados descubrieron la agricultura y dejaron la vida nómada a un lado, la cerámica, que hasta ese entonces solo se había usado para uso escultórico de representaciones divinas, se reinventó y asumió un papel más utilitario para la creación de recipientes con tres funciones principales: vasos destinados al cocinado de los alimentos (ollas), vasos destinados al almacenaje (orzas) y vasos destinados al servicio comunitario de alimentos (cuencos y vasos). (Martínez Amorós, Silvia, 2017)

Vasija de cerámica de final del Neolítico (Mequinenza, Zaragoza)

Siglos más tarde durante la edad antigua llegaron los grandes banquetes griegos y romanos, en estos momentos el acto de comer alcanzó una gran sofisticación y con ello el desarrollo de los recipientes utilizados en diferentes materiales como el oro y el metal. La Vasa Escaria, como llamaron los romanos al conjunto de recipientes y utensilios que utilizaban a la hora de comer, estaba presente en las casas de todos los romanos, diferenciando las clases sociales por la calidad de los recipientes que podían adquirir, cerámica más tosca para las clases humildes y cerámica más lujosa, como las primeras sigillatas, para las clases más acomodadas. 

Vasos de terra sigillata hispánica de la Época Romana (Numancia)

Las vajillas estaban compuestas por cuencos para los alimentos líquidos, platos colectivos para servir en la mesa y, en el caso de las vajillas más lujosas, fuentes con detalles más específicos según el alimento que se fuera a consumir. A veces, se podían servir los alimentos directamente en las ollas, aunque en el caso de los Romanos tenían un recipiente llamado patina, siendo este menos profundo que las ollas y en el cual se podía cocinar y servir directamente en la mesa. 

A partir de esta época, empezaron a aparecer nuevos materiales tales como la madera o el vidrio, el cual gracias al descubrimiento del soplado fue una auténtica revolución pues se podía llegar a hacer más cantidad en menos tiempo. (Mª Dolores Sánchez de Prado). Esto provocó, que al igual que la cerámica, los recipientes de vidrio llegarán a todas las clases sociales, imitando los acabados de las vajillas de plata y oro, las cuales no todo el mundo se podía permitir. 

Vasa Escaria de la E´poca Romana / Tesoro de Berthouville (Francia)

Con la llegaba de la Edad Media se intensificó aún más la fijación por querer mostrar el nivel adquisitivo públicamente, organizando, al igual que sus antecesores, grandes fiestas en las que poder exponer su colección de platos, escudillas, fuentes, jarras, copas, etc. en aparadores para que todos sus invitados pudieran admirarla.

Al igual que en siglos anteriores se seguía comiendo con las manos, aunque empiezan a aparecer ciertas reglas de educación, por ejemplo, coger los alimentos solo con tres dedos: el pulgar, el índice y el corazón o el uso de un punzón con el que pinchar los alimentos. En algunas ocasiones, sobretodo en los grandes banquetes, contaban con un recipiente con agua para poder limpiarse las manos entre plato y plato. 

Representación de un banquete en la Edad Media (Scala, Firenze)

La aparición de la porcelana en Europa durante la Edad Media causó furor, este material desconocido en occidente y con una fórmula secreta que nadie conseguía descubrir fue el foco de atención de las clases más altas, llegando a pagar barbaridades por vajillas o juegos de té que viajaban con mercaderes desde China a través de la Ruta de la seda. 

En cambio, en las clases más bajas durante la edad media destacan las piezas de barro, como escudillas con orejetas y ollas las cuales se seguían sirviendo directamente en la mesa para comer de ellas, y de madera, convirtiéndose esta en el material principal hasta bien entrado el Renacimiento, época en la cual la sociedad sufre un cambio espectacular a nivel cultural, social y económico que se ve reflejado en la manera de comportarse en la mesa y la variedad y refinamiento de los recipientes en torno a ella. 

Escudilla utilizada para la presentación de alimentos
en la mesa a finales del S.XV (Museo de Teruel)

Los platos y escudillas de madera aún se mantienen en la clase medio-baja, pero empiezan a desaparecer a finales del Renacimiento, volviendo a ganar protagonismo la cerámica sobre las mesas, ya que había llegado a ser un material que había quedado estancado al uso de recipientes para almacenar y para cocinar. También vuelve a aparecer con fuerza el cristal, momento en el cual aparecen las primeras copas de vino de este material. 

Estos cambios en la manera de comportarse en la mesa dieron lugar a un aumento en los tipos de recipientes que existían, apareciendo soperas, salseras, fuentes, ensaladeras, y por fin, el esperado plato individual, aunque en cierto modo podríamos decir que la primera vez que apareció fue en forma de rebanada de pan, ya que, en la edad media era sobre lo que se repartía la carne a los comensales. Las maneras de comer también cambiaron, llegando a estar presentes en todas las mesas un set completo de cubiertos individuales formados por cuchara, tenedor y cuchillo. 

A pesar de estos cambios que se estaban produciendo en Europa, aún había muchos lugares como en Tormaleo (Asturias, España) en los que seguían comiendo en platos y escudillas de madera por no comer en platos de Talavera (loza) que decían que eran sucios ya que se hacían de barro. (De Blas Cortina, Miguel A., 1995)

Y es que no es hasta el S.XVIII, en el que se cruzan la revolución industrial y el descubrimiento de la la fórmula de la porcelana en Europa, que esta empieza a invadir las casas de todas las familias de clase media cada vez más asentadas. (Liz Wilhide, Susie Hodge, 2017)

Vajilla de porcelana china del año 1785-90 (Museo Metropolitano de Arte, NY)

Por aquél entonces las vajillas no se podían vender por separado, por lo que adquirir una vajilla completa de porcelana seguía siendo un gran desembolso. Durante muchos años fue habitual incluir las vajillas en las listas de boda, teniendo una vajilla para el día a día y otra para ocasiones especiales. Esto cambió tras la crisis económica de los años veinte, pues afectó de tal manera que empezaron a venderse los elementos de las vajillas por separado, pudiendo así comprar poco a poco una vajilla completa. 

Con el tiempo empezaron a aparecer diferentes materiales que competían con la resistencia y durabilidad de la porcelana tales como los platos de Duralex, símbolo de los años 60, los platos de cristal, de gres, de plástico y otros materiales ecológicos tales como el bambú. Esta revolución en los materiales también se está viendo reflejada en las formas, la idea de la vajilla básica con el plato llano, sopero y de postre que durante el último siglo ha estado tan asentada, empieza a cambiar con la introducción de nuevas formas cada vez más flexibles, las cuales permiten usar un mismo recipiente para distintos usos, creando cada uno en casa una vajilla más propia. 

Bibliografia

Pérez Samper, María Ángeles, 2017 “Las casas en la Edad Media”. Pag. 365 Barcelona
https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/36/03/13perez.pdf

Martínez Amorós, Silvia, 2017. “Revista DAMA. Documentos de Arqueología y Patrimonio Histórico” La vajilla cerámica del yacimiento neolítico de limoneros II-III. Elche, Alicante. https://web.ua.es/es/dama/documentos/dama-2/s-martinez.pdf

Sánchez de Prado, Mª Dolores, 2009. La vajilla de vidrio durante la antigüedad tardía en el conventus carthaginiensis. Valladolid
https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3627383.pdf

De Blas Cortina, Miguel A., 1995. Vasos de madera y vasos cerámicos: un probable origen romano de ciestas formas en las vajillas de madera la tornería tradicional. Oviedo http://www.castrosdeasturias.es/descargas/452-bsaa-1995-unprobableorigenromanodeciertasformasenlasvajillas-26869041.pdf

Imágenes

Vasija. Cerámica. Neolítico final. 3000 a.E. Mina Vallfera (Mequinenza, Zaragoza).Inv. 50515.
Museo de Zaragoza http://www.museodezaragoza.es/

Romero Carnicero, María Victoria. Vasos de terra sigillata hispánica de Numancia; formas Dragendorff 29 y 30. Valladolid, 1977. ISBN: 84-600-0691-3.



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